Moslem Taghizadeh – Experto en Inteligencia Artificial y Transformación Digital
La competencia entre China y Estados Unidos en el campo de la inteligencia artificial y la ciberseguridad no debe ser vista meramente como una carrera tecnológica o incluso un conflicto geopolítico clásico. Lo que se está desarrollando es un choque entre dos concepciones diferentes del «poder en la era digital»; dos filosofías de gobernanza, cada una esforzándose por dar forma al futuro del orden informativo mundial según su propia lógica interna. En este contexto, la inteligencia artificial no es ni una herramienta ni una meta; más bien, es la arena principal para redefinir la autoridad, la soberanía y el control en el siglo veintiuno.
Desde la perspectiva estadounidense, la inteligencia artificial es una extensión natural del tecno-capitalismo y la innovación impulsada por el mercado. El poder emerge de las corporaciones, plataformas y ecosistemas de datos, con el gobierno desempeñando un rol regulatorio en gran parte retrasado y reactivo. Sin embargo, esta misma estructura, considerada la fortaleza de Estados Unidos, se ha convertido en una contradicción en ciberseguridad: cuando los datos, los algoritmos y la infraestructura informativa están en manos de actores privados, la línea entre la seguridad nacional y los intereses corporativos se desdibuja. El caso de TikTok se vuelve significativo desde este punto de vista.
La preocupación oficial de Estados Unidos sobre TikTok es el acceso del gobierno chino a los datos de los usuarios o el potencial para operaciones de infiltración de inteligencia, pero el asunto es más profundo que estas afirmaciones. Cambiar la estructura de propiedad de TikTok, incluso si parte de sus acciones son transferidas a consorcios estadounidenses, no cambia la naturaleza del algoritmo, la lógica de su sistema de recomendación o su poder para moldear la atención pública. Un algoritmo no es meramente código, sino la encarnación de una lógica cognitiva: lo que se ve, lo que se amplifica y lo que se margina. Desde esta perspectiva, TikTok no es meramente una amenaza externa; es un espejo en el cual Estados Unidos ve su propia vulnerabilidad en gobernar las plataformas.
El punto estratégico aquí es que Estados Unidos, en su esfuerzo por contrarrestar la supuesta amenaza china, se está moviendo hacia una especie de «securitización de la propiedad»; es decir, la suposición de que cambiar las acciones y el control legal resuelve el problema de seguridad. Pero este enfoque puede en sí mismo conducir a una especie de abuso estructural: una concentración sin precedentes del poder regulatorio sobre los datos en manos del gobierno o actores alineados con él, sin mecanismos transparentes de rendición de cuentas. En otras palabras, el peligro no es solo la «infiltración china», sino la transformación de las plataformas sociales en herramientas legítimas de seguridad nacional en ambos lados de la competencia.
Este asunto atrae la atención hacia la historia de la competencia cibernética y los armamentos digitales. A diferencia de las armas convencionales, las herramientas cibernéticas son inherentemente ambiguas, negables y en constante evolución. No hay líneas rojas claras o acuerdos estables que puedan restringir efectivamente el comportamiento estatal. La inteligencia artificial ha intensificado esta situación. Hoy, un ciberataque ya no requiere una presencia humana sostenida; los algoritmos pueden detectar, adaptarse, infiltrar e incluso tomar decisiones de manera autónoma. Esto significa que la velocidad, la escala y la incertidumbre han alcanzado niveles que socavan la lógica de la disuasión clásica.
En este espacio, Estados Unidos y China están construyendo capacidades ofensivas y defensivas, pero con mentalidades diferentes. Estados Unidos busca mayor superioridad tecnológica y flexibilidad operacional, mientras que China persigue la resiliencia sistémica y el control centralizado. Esta diferencia no es meramente técnica; es filosófica.
Desde la perspectiva china, la ciberseguridad es parte de la seguridad social. Los datos son considerados un recurso nacional, y la inteligencia artificial es una herramienta para mantener la cohesión, predecir la inestabilidad y macro-gestionar la sociedad. Por lo tanto, la gobernanza de la IA en China es intrínsecamente impulsada por el Estado, preventiva e integrada.
En contraste, Estados Unidos todavía está lidiando con esta cuestión fundamental: ¿pueden la innovación desenfrenada, la libertad de las plataformas y la seguridad nacional mantenerse simultáneamente? Muchas políticas estadounidenses recientes sugieren que la respuesta implícita a esta pregunta es negativa, pero esta admisión, en lugar de conducir a una revisión de la filosofía de gobernanza digital, a menudo se manifiesta como medidas ad hoc, restricciones de exportación o presiones de propiedad. Es por eso que algunos analistas creen que Estados Unidos está «corriendo en la pista equivocada» en la carrera de la IA: enfocándose en el tamaño del modelo y la velocidad del progreso sin resolver los problemas de confianza, gobernanza y la integración sostenible de la IA en el tejido social.
Por otro lado, China, a pesar de su rápido progreso, enfrenta un desafío diferente. El control estricto sobre los datos y algoritmos, mientras crea ventajas de seguridad y gerenciales, conlleva el riesgo de creatividad reducida, diversidad cognitiva y legitimidad global disminuidas. La aceptación internacional de las tecnologías de IA chinas depende no solo de su calidad técnica, sino también del nivel de confianza en su intención y marco de gobernanza. En última instancia, la competencia China-Estados Unidos es una competencia sobre quién define las reglas del juego.
A un nivel más profundo, esta competencia significa una transición desde un orden basado en el poder duro (hard power) hacia un orden basado en el control cognitivo. La seguridad ya no se trata solo de proteger la infraestructura; se trata de gestionar la percepción humana, la atención y la toma de decisiones. En este sentido, la inteligencia artificial y la ciberseguridad están entrelazadas porque ambas tratan directamente con la capa cognitiva de la sociedad. TikTok, el malware, los algoritmos de recomendación, los modelos de lenguaje y los sistemas de vigilancia son todos componentes de un solo campo.
Si esta competencia continúa sin marcos comunes, transparencia y restricciones normativas, el peligro principal no será la victoria de uno sobre el otro, sino la erosión de la confianza global en la tecnología. Un mundo donde cada plataforma es sospechosa, cada algoritmo es un arma potencial y cada dato puede ser considerado una amenaza.
La otra cuestión fundamental no es cuál país tiene una inteligencia artificial más fuerte; más bien, es cuál puede proveer un modelo de gobernanza digital que sea tanto eficiente, legítimo y aplicable al mundo pluralista de hoy. La competencia China-Estados Unidos es una prueba para el futuro de la racionalidad política en la era de la inteligencia artificial, una prueba cuyo resultado será decisivo mucho más allá de las fronteras de estos dos países.
La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.


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