Oriente Medio en Transición; Relectura del Orden Regional Posterior al 7 de Octubre
Farshid Bagherian, en una conversación con el Consejo Estratégico de Relaciones Exteriores, considera los eventos del 7 de octubre de 2023 como un «punto decisivo» que no solo inició una nueva guerra, sino que también transformó las bases interpretativas de seguridad y política de los actores regionales. Según él, «las consecuencias de ese día y el ciclo de reacciones condujeron rápidamente a una etapa de redefinición de la seguridad y la influencia en toda la región de Asia Occidental; una etapa en la que confiar únicamente en el paraguas militar occidental o en acuerdos bilaterales ya no puede garantizar la seguridad de un grupo de actores. La reciente agresión del régimen israelí a Qatar es también un ejemplo de esta situación, que se manifestó tanto en la intensidad de las operaciones como en la proliferación de nuevas alianzas».
En opinión de Bagherian, Tel Aviv, después de la masacre en Gaza y las reacciones posteriores, ha pasado de una fase defensiva o de represalia a perseguir una especie de política expansionista más allá de las fronteras de Palestina ocupada. El enfoque en absorber Gaza y Cisjordania, consolidar su presencia en los puntos más al sur del Líbano y las fronteras sirias, y el diseño estratégico para expandir su influencia, pueden analizarse dentro de este mismo marco. Él describe este patrón como la continuación y redefinición del proyecto del «Gran Israel» y advierte que dicho enfoque traerá consigo tanto desplazamientos poblacionales como una intensificación de las reacciones regionales.
Según él, los datos de campo muestran que el sur del Líbano y partes de las fronteras sirias, después de octubre de 2023 y la caída de Assad, han sido testigos de operaciones y ocupaciones limitadas; una tendencia que continúa y ha provocado reacciones negativas de la comunidad internacional. Estos desarrollos también alteraron el orden previsto por Turquía y otros actores árabes para la Siria posterior a Assad, y ahora somos testigos de la competencia entre dos modelos de orden diferentes para el futuro de Siria, uno por parte del régimen israelí y otro por parte de Turquía y algunos estados árabes.
El ataque a Doha; un símbolo de la falta de credibilidad de las garantías de seguridad tradicionales
Uno de los ejes más destacados del análisis de Bagherian es el «ataque a Doha»; un evento que él describe como un «golpe estratégico» a los actores conservadores de la región; estados que dependían de la cooperación con Estados Unidos para establecer su orden deseado. Según él, esta agresión demostró que «albergar fuerzas estadounidenses o tener relaciones estratégicas con Washington no es una garantía definitiva para la seguridad». Esta misma interpretación llevó a los medios y centros de investigación a considerar el ataque a Doha como un punto de revisión seria de las relaciones de seguridad en el Golfo Pérsico y las alianzas tradicionales.
En este sentido, Bagherian predice que seremos testigos de una redefinición de las relaciones militares y la formación de nuevas doctrinas defensivas en los países árabes en cooperación con nuevos actores. Desde su punto de vista, el mensaje político del ataque del régimen israelí fue más allá de los daños inmediatos; porque los gobiernos y las élites de la región comprendieron que depender del paraguas de seguridad estadounidense ya no garantiza por sí mismo la estabilidad y que es necesario buscar nuevas opciones nacionales y regionales para la disuasión y la gestión de crisis.
El pacto Arabia Saudita-Pakistán y el surgimiento del equilibrio nuclear en Asia Occidental
Continuando, Bagherian se refiere al «reciente pacto estratégico entre Arabia Saudita y Pakistán», que, según él, en el marco de un acuerdo de seguridad colectiva, ha introducido a Asia Occidental en nuevas ecuaciones de identidad y disuasión. En su opinión, este pacto marca la entrada de un actor nuclear, Pakistán, en las ecuaciones de Oriente Medio. Bagherian dice: «La declaración explícita de la disposición de Pakistán para compartir capacidades de disuasión nuclear en el marco de la defensa conjunta de Arabia Saudita podría transformar rápidamente la estructura de disuasión regional y elevar a Pakistán a un actor más allá del sur de Asia».
Según él, las consecuencias de este desarrollo son duales: por un lado, el aumento del nivel de disuasión podría impedir algunas acciones agresivas del régimen israelí; pero por otro lado, vincular la seguridad regional a una capacidad nuclear externa conlleva riesgos como la proliferación de la carrera armamentista, ambigüedad en la cadena de mando y la posibilidad de errores de cálculo. Tal tendencia también plantea serias preguntas sobre la credibilidad de la no proliferación y la estabilidad regional.
En otra parte de su análisis, Bagherian advierte que la posibilidad de un conflicto directo o limitado entre el régimen israelí y actores como Turquía o incluso Pakistán ya no puede descartarse. Él considera la situación actual en Siria como un claro ejemplo de cómo el debilitamiento de la soberanía central ha creado espacio para que actores externos establezcan esferas de influencia.
Según él, «Siria se ha convertido en un rompecabezas con demasiadas piezas, donde cada parte puede ser un detonante de confrontaciones transfronterizas». Los datos de campo también muestran que el proceso de fragmentación de las áreas de influencia comenzó en años pasados y ha aumentado la preocupación por la propagación del conflicto a países vecinos.
Él enfatiza dos puntos fundamentales: primero, en caso de un conflicto no convencional o regional, la membresía de Turquía en alianzas como la OTAN no es una garantía para permanecer a salvo de la confrontación; segundo, incluso los ataques limitados podrían conducir a disputas más amplias y presión sobre los pactos extraregionales.
En una perspectiva general, Bagherian señala que Estados Unidos y Rusia, junto con China, están intentando reescribir el nuevo orden en su beneficio. Washington busca mantener su conjunto de aliados y evitar la expansión de la influencia de sus rivales; Moscú y Pekín también están fortaleciendo su presencia política y económica aprovechando los vacíos y descontentos regionales. Esta competencia transfronteriza ha complicado los escenarios locales y hace que su resolución dependa de la actuación de actores externos. Especialmente China, que, aprovechando el enfoque de Moscú en la guerra en Ucrania, busca adelantar a Rusia y consolidar su influencia en Asia Occidental.
«La traducción al español del texto en inglés ha sido realizada mediante inteligencia artificial. Agradeceremos que, en caso de detectar errores o imprecisiones, lo comunique al sitio web.»


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