Raíces históricas y compromiso con el régimen israelí
Ali Bigdeli, en diálogo con el sitio web del Consejo Estratégico de Relaciones Exteriores, declaró: «Alemania, debido a su oscuro pasado durante el nazismo y el Holocausto, se siente obligada a apoyar la existencia del régimen israelí«. Este compromiso, conocido desde la era de Angela Merkel como «razón de Estado» (Staatsräson), ocupa un lugar especial en la política exterior alemana. El analista explica que esta postura tiene antecedentes históricas: ya en la Primera Guerra Mundial, Alemania apoyó al Imperio Otomano, y más tarde, en la Segunda Guerra Mundial, adoptó políticas agresivas de los nazis, que la enfrentaron al resto del mundo.
Según Bigdeli, la derrota en la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles alimentaron un sentimiento de humillación nacional en Alemania, lo que facilitó el ascenso del nazismo. Añade: «Este patrón se repitió en el apoyo incondicional al régimen israelí durante la guerra de 12 días, cuando Alemania respaldó los ataques a instalaciones nucleares iraníes sin considerar las violaciones del derecho internacional por parte de Israel». Bigdeli sostiene que esta decisión se tomó bajo presión de EE.UU. y por compromisos históricos, aunque advierte que sus consecuencias para el estatus global de Alemania son complejas.
La Segunda Guerra Mundial y las lecciones ignoradas
Este académico considera la Segunda Guerra Mundial como la cumbre de las decisiones equivocadas de Alemania y explica: «La Alemania nazi inició una guerra con el objetivo de dominar Europa y el mundo, lo que finalmente llevó a la destrucción del país. Su alianza con Italia y Japón, militar y económicamente débiles, y su invasión a Polonia en 1939, la enfrentaron a la coalición aliada». Bigdeli sostiene: «Estas decisiones fueron resultado de ambiciones desmedidas y del desconocimiento de la realidad geopolítica».
Recuerda que las consecuencias de esta guerra fueron catastróficas para Alemania: «El país quedó dividido en este y oeste, su economía colapsó y quedó bajo ocupación aliada». El analista senior considera que las lecciones de esta derrota fueron ignoradas en el respaldo de Alemania a Israel y EE.UU. en la guerra de 12 días. Bigdeli añade: «El respaldo alemán a los ataques contra Irán, sin considerar sus implicaciones legales y humanas, refleja la repetición de ese mismo patrón de decisiones erróneas».
La guerra de 12 días y el polémico apoyo alemán al régimen israelí
Bigdeli señaló: «La postura de Alemania durante la guerra de 12 días no solo implicó apoyar las violaciones de la Carta de la ONU por parte de Israel y EE.UU., sino que también la expuso a críticas a nivel global». Considera que este respaldo se debió a la presión estadounidense y al temor por el programa nuclear iraní. Añade: «Alemania, junto con Francia y el Reino Unido (E3), participó en las negociaciones nucleares de 2015 con Irán, pero tras la retirada de EE.UU. del acuerdo en 2018, no logró mantenerlo».
Durante la guerra de 12 días, Alemania optó por respaldar a Israel en lugar de asumir un papel mediador, e incluso después de los ataques estadounidenses a instalaciones nucleares iraníes, instó a Irán a negociar con Israel y EE.UU. Este experto califica el enfoque alemán como «inconsistente con los principios diplomáticos». Bigdeli también señala que las consecuencias de la guerra en Ucrania agravaron la brecha entre Irán y Europa, especialmente con Alemania, lo que llevó a Berlín a adoptar una política hostil contra Irán durante los ataques israelíes, respaldando al agresor.
Consecuencias estratégicas y el futuro de Alemania
Bigdeli considera que las repercusiones del apoyo alemán a Israel y EE.UU. durante la guerra de 12 días son múltiples y complejas. Afirma: «Esta postura afectó las relaciones con Irán y debilitó la imagen de Alemania como un actor imparcial y justo». Según el analista, la muerte de cientos de civiles iraníes en los ataques respaldados por Alemania generó condenas internacionales. Bigdeli advierte: «Con esta decisión, Alemania asumió el riesgo de un aislamiento diplomático».
Sostiene que Alemania debe aprender de su historia: «Sus derrotas en las guerras mundiales demostraron que respaldar políticas agresivas, ignorando el derecho internacional, conduce al aislamiento y a pérdidas». Sugiere que, para mantener su posición en el orden global, Alemania debe retomar la vía de la diplomacia multilateral y fortalecer instituciones como la ONU. Añade: «La Alemania moderna, convertida en potencia económica tras la Segunda Guerra Mundial, debe evitar repetir errores del pasado y actuar como un actor neutral y equitativo».
Bigdeli enfatiza que el futuro de Alemania depende de su capacidad para equilibrar sus compromisos históricos con los principios del derecho internacional. Declara: «El apoyo ciego a Israel y EE.UU. en la guerra de 12 días colocó a Alemania en el lado equivocado de la historia. Para corregir este error, debe comprometerse con la diplomacia y evitar escalar tensiones en Asia Occidental».


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